Y bruG corrió por el camino de baldosas amarillas.......
La noche sorprendió a nuestro cansado amigo. Sus huesos dijeron basta ya!
y se sentó en un banco de madera de aquella poblada plaza.
Mientras los últimos rayos de sol caian detras de las fincas, las madres iban a recojer a sus hijos. El colegio habia terminado, ellos disfrutaban su trozo de ingenua libertad, aprovechaban todo el tiempo posible en hacer lo que mejor sabian: jugar.
Brug se inclinó a recojer una pelota que llegó hasta sus pies. Al segundo un nano, de no más de 4 años se acercó a él. Se quedó parado a unos 4 pasos. Se miraron. Brug le dedicó una de sus mejores sonrisas pero él no reaccinó. Su complexión, su tez morena y sus largos pelos impresionaban la verdad, asi que no era de extrañar que asustaran a un niñó de tan corta edad. Dicen que cuando somos tan jovenes, los niños, podemos ver el halo que cubre nuestros cuerpos. Bien, entonces sería que el halo de Brug ciertamente era especial.
Al final, dobló su cuerpo, tendió su mano y cojió la pelota. Alargó el brazo en dirección a donde se encontraba el niño castaños de ojos oscuros. Impasible juntando sus manos el niño no reaccionaba, mezclado por la desconfianza y la vergüenza que le provocaba estar cerca de aquel desconocido que además tenia su pelota entre las manos. Su tan querida pelota.
Brug miró la pelota, volvió a mirar al niño. Le hizo ademán de que se acercara a por ella pero no reaccionó. Entonces le dijo:
- Si no te acercas, no tendrás tu pelota. -y añadió - Hola soy Brug, vengo de lejos y... y no he tenido tiempo de ir a la peluqueria.
Pensó que porqué le tenia que explicarle a un niño de 4 años porque llevaba esas pintas, su cara debió reflejar cierta confusión y el niño lo notó. En su cara se esbozó una mirada traviesa y una sonrisa inocente. Dió un paso al frente.
- ¿Dónde es muy lejos? - preguntó el niño (a partir de ahora Niño Ge)
- A ver, ¿dónde es lo más lejos que tu mamá te deja ir? - le contestó Brug.
- No sé, creo que ahora es lo más lejos que estoy de ella - dijo Niño Ge mientras se giraba y señalaba unos bancos de más allá donde habian dos chicas jovenes fumando y hablando.
La más alta y morena no quitaba ojo del pequeño asi que Brug supuso que seria su madre. Brug fijó su mirada en los ojos de la madre y en ellos, a pesar de la distancia, pudo ver cierta aprovación.
- Bien, pues imagina que esta distancia es la nada entre el Sol y la Luna, tu eres el Sol y tu madre la blanca y preciosa Luna. - Brug se divertia con los niños, haciendoles pensar cosas inimaginables.
- Pero si la Luna está alli arriba, ¿cómo va a estar sentada al lado de la amiga de mamá? - dijo Niño Ge mientras señalaba el cielo
- Ah así que sabes donde está la Luna eh?
- Claro y el Sol, y Marte y ese otro como se llamaba... ah si! Pluntonio!
- Jajajajaj, no es Pluntonio, se dice Pluton - le corrigió Gurb.
El niño se quedó de nuevo parado al ver cómo se reia aquel que tenía su pelota. Niño Ge se centró de nuevo en la pelota y no le quitó ojo de encima.
- Bueno, pues imaginate que vengo desde más lejos que la Luna. - siguó diciendo Brug.
- ¿Y en la Luna te obligan a bañarte todos los dias y llevar zapatillas y calcetines?
- Pues no, creo que no. Allí puedes bañarte sin agua y las zapatillas grandes sólo te las pones para dar paseos. - a Brug aquello le desconcertó pero no le dio más importancia, cosas de crios pensó.- Entonces, ¿que?, ¿quieres tu pelota?
- Vale, pero ahora ya no tengo con quien jugar, se han ido todos. Además creo que me iré con mamá a casa, es la hora de mi baño - le contestó Niño Ge
Brug alargó de nuevo su mano mientras Niño Ge se acercó para darle la pelota. Sonriente la cogió y le dijo:
- Gracias.
- De nada - contestó Brug.
Mientras se alejaba corriendo se paró, a unos 10 pasos del banco donde estaba Brug, dio media vuelta y le gritó:
- ¿Mañana vendrás a jugar conmigo Gurb?.
Pero no esperó su respuesta y siguió corriendo en dirección a su Madre.
Y Brug no supo que decir se quedó pretificado al oir su nombre real mientras miraba como el nano llegaba a los brazos de su madre, cómo ella y su amiga se levantaban. La madre bajó a escuchar qué le queria decir el niño, se incorporó, dedicó una mirada a Burg junto con una sonrisa y volvio a agacharse a darle un gran beso a si hijo. Brug mientras tanto pudo ver todo aquel amor que despedian los dos seres humanos.
Mientras se alejaban Brug no les quitó la mirada de encima, le pareció una de las cosas más bonitas que habia visto nunca desde que habia puesto sus zarpas, ahora convertidas en piernas, en aquel planeta.
Cuando los tres cruzaron la última esquina buscó entre lo que llamaban mochila un objeto que parecia un monton de papeles y estaba pegado por alguna razón que él no entendia. Con sus manazas abrió aquel lomo y comenzó de nuevo a leer. No sabía porque, desde hacia unos dias no podia parar de leer. Habia descubierto el placer de la lectura despues del incidente en la libreria, cuando tuvo que pagar los volumenes completos de una enciclopedia, al confundir aquella libreria con un restaurante y haberselos zampado uno a uno. Ya que estaba se llevó unos cuantos de la sección Ciencia-Ficción y un par de algo llamado Poemas.
Leyó durante un rato mientras no paraba de pensar en cómo aquella criatura de tan corta edad habia podido saber su nombre real y en cómo desprendian amor él y su madre.
Burg leyó y pensó en todo aquello durante mucho tiempo. Pasaron horas antes de que levantará su culo de aquel banco.
Brug decició que era hora de volver a casa. Cerró su libro, hizo el esfuerzo de levantarse y meditó durante un momento. ¿Para qué volver a casa? Sabía que nadie lo esperaría, o si, quizás aquella persona todavía estuviera esperandole. La imagen de no encontrar su cama vacía una noche más se hizo un hueco entre sus huesos mientras se preguntaba porqué sentía aquello, los de su especie creian no tener este tipo de sentimientos, cómo aquel momento en el que probó el sabor de sus labios.
Mientras pensaba en aquellas posibilidades terminó de levantarse, decidido,
y con el pecho enchido de esperanza comenzó a andar, justo cuando se cruzó con aquel viejo amigo, solo entonces, se dió cuenta que no andaba, corría. Y mientras corría pensó en cómo lo hacia y recordó aquella canción y la adaptó para él:
Cómo cantar si no fuera para ella,
cómo arrestarse ante su luz,
cómo decirle "te quiero" y fingir,
cómo decirlo, cómo decir.
Cómo pasar las horas sin ella,
cómo dormirse sin su voz,
cómo decir "te añoro" y mentir,
cómo decirlo, como mentir...
Era como si el cómo se invierte al fingir.
Lo tiene su mirar, al despertar,
aunque no entienda lo que siento,
te quiero cantar, antes de hablar,(...)
Él, tan debil en otra ocasiones, si, el mismo Brug, corría de nuevo sobre aquel camino....
el camino de baldosas amarillas.
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De cómo Gurb se transfomó en Brug
Esa
Libreta negra
y se sentó en un banco de madera de aquella poblada plaza.
Mientras los últimos rayos de sol caian detras de las fincas, las madres iban a recojer a sus hijos. El colegio habia terminado, ellos disfrutaban su trozo de ingenua libertad, aprovechaban todo el tiempo posible en hacer lo que mejor sabian: jugar.
Brug se inclinó a recojer una pelota que llegó hasta sus pies. Al segundo un nano, de no más de 4 años se acercó a él. Se quedó parado a unos 4 pasos. Se miraron. Brug le dedicó una de sus mejores sonrisas pero él no reaccinó. Su complexión, su tez morena y sus largos pelos impresionaban la verdad, asi que no era de extrañar que asustaran a un niñó de tan corta edad. Dicen que cuando somos tan jovenes, los niños, podemos ver el halo que cubre nuestros cuerpos. Bien, entonces sería que el halo de Brug ciertamente era especial.
Al final, dobló su cuerpo, tendió su mano y cojió la pelota. Alargó el brazo en dirección a donde se encontraba el niño castaños de ojos oscuros. Impasible juntando sus manos el niño no reaccionaba, mezclado por la desconfianza y la vergüenza que le provocaba estar cerca de aquel desconocido que además tenia su pelota entre las manos. Su tan querida pelota.
Brug miró la pelota, volvió a mirar al niño. Le hizo ademán de que se acercara a por ella pero no reaccionó. Entonces le dijo:
- Si no te acercas, no tendrás tu pelota. -y añadió - Hola soy Brug, vengo de lejos y... y no he tenido tiempo de ir a la peluqueria.
Pensó que porqué le tenia que explicarle a un niño de 4 años porque llevaba esas pintas, su cara debió reflejar cierta confusión y el niño lo notó. En su cara se esbozó una mirada traviesa y una sonrisa inocente. Dió un paso al frente.
- ¿Dónde es muy lejos? - preguntó el niño (a partir de ahora Niño Ge)
- A ver, ¿dónde es lo más lejos que tu mamá te deja ir? - le contestó Brug.
- No sé, creo que ahora es lo más lejos que estoy de ella - dijo Niño Ge mientras se giraba y señalaba unos bancos de más allá donde habian dos chicas jovenes fumando y hablando.
La más alta y morena no quitaba ojo del pequeño asi que Brug supuso que seria su madre. Brug fijó su mirada en los ojos de la madre y en ellos, a pesar de la distancia, pudo ver cierta aprovación.
- Bien, pues imagina que esta distancia es la nada entre el Sol y la Luna, tu eres el Sol y tu madre la blanca y preciosa Luna. - Brug se divertia con los niños, haciendoles pensar cosas inimaginables.
- Pero si la Luna está alli arriba, ¿cómo va a estar sentada al lado de la amiga de mamá? - dijo Niño Ge mientras señalaba el cielo
- Ah así que sabes donde está la Luna eh?
- Claro y el Sol, y Marte y ese otro como se llamaba... ah si! Pluntonio!
- Jajajajaj, no es Pluntonio, se dice Pluton - le corrigió Gurb.
El niño se quedó de nuevo parado al ver cómo se reia aquel que tenía su pelota. Niño Ge se centró de nuevo en la pelota y no le quitó ojo de encima.
- Bueno, pues imaginate que vengo desde más lejos que la Luna. - siguó diciendo Brug.
- ¿Y en la Luna te obligan a bañarte todos los dias y llevar zapatillas y calcetines?
- Pues no, creo que no. Allí puedes bañarte sin agua y las zapatillas grandes sólo te las pones para dar paseos. - a Brug aquello le desconcertó pero no le dio más importancia, cosas de crios pensó.- Entonces, ¿que?, ¿quieres tu pelota?
- Vale, pero ahora ya no tengo con quien jugar, se han ido todos. Además creo que me iré con mamá a casa, es la hora de mi baño - le contestó Niño Ge
Brug alargó de nuevo su mano mientras Niño Ge se acercó para darle la pelota. Sonriente la cogió y le dijo:
- Gracias.
- De nada - contestó Brug.
Mientras se alejaba corriendo se paró, a unos 10 pasos del banco donde estaba Brug, dio media vuelta y le gritó:
- ¿Mañana vendrás a jugar conmigo Gurb?.
Pero no esperó su respuesta y siguió corriendo en dirección a su Madre.
Y Brug no supo que decir se quedó pretificado al oir su nombre real mientras miraba como el nano llegaba a los brazos de su madre, cómo ella y su amiga se levantaban. La madre bajó a escuchar qué le queria decir el niño, se incorporó, dedicó una mirada a Burg junto con una sonrisa y volvio a agacharse a darle un gran beso a si hijo. Brug mientras tanto pudo ver todo aquel amor que despedian los dos seres humanos.
Mientras se alejaban Brug no les quitó la mirada de encima, le pareció una de las cosas más bonitas que habia visto nunca desde que habia puesto sus zarpas, ahora convertidas en piernas, en aquel planeta.
Cuando los tres cruzaron la última esquina buscó entre lo que llamaban mochila un objeto que parecia un monton de papeles y estaba pegado por alguna razón que él no entendia. Con sus manazas abrió aquel lomo y comenzó de nuevo a leer. No sabía porque, desde hacia unos dias no podia parar de leer. Habia descubierto el placer de la lectura despues del incidente en la libreria, cuando tuvo que pagar los volumenes completos de una enciclopedia, al confundir aquella libreria con un restaurante y haberselos zampado uno a uno. Ya que estaba se llevó unos cuantos de la sección Ciencia-Ficción y un par de algo llamado Poemas.
Leyó durante un rato mientras no paraba de pensar en cómo aquella criatura de tan corta edad habia podido saber su nombre real y en cómo desprendian amor él y su madre.
Burg leyó y pensó en todo aquello durante mucho tiempo. Pasaron horas antes de que levantará su culo de aquel banco.
Brug decició que era hora de volver a casa. Cerró su libro, hizo el esfuerzo de levantarse y meditó durante un momento. ¿Para qué volver a casa? Sabía que nadie lo esperaría, o si, quizás aquella persona todavía estuviera esperandole. La imagen de no encontrar su cama vacía una noche más se hizo un hueco entre sus huesos mientras se preguntaba porqué sentía aquello, los de su especie creian no tener este tipo de sentimientos, cómo aquel momento en el que probó el sabor de sus labios.
Mientras pensaba en aquellas posibilidades terminó de levantarse, decidido,
y con el pecho enchido de esperanza comenzó a andar, justo cuando se cruzó con aquel viejo amigo, solo entonces, se dió cuenta que no andaba, corría. Y mientras corría pensó en cómo lo hacia y recordó aquella canción y la adaptó para él:
Cómo cantar si no fuera para ella,
cómo arrestarse ante su luz,
cómo decirle "te quiero" y fingir,
cómo decirlo, cómo decir.
Cómo pasar las horas sin ella,
cómo dormirse sin su voz,
cómo decir "te añoro" y mentir,
cómo decirlo, como mentir...
Era como si el cómo se invierte al fingir.
Lo tiene su mirar, al despertar,
aunque no entienda lo que siento,
te quiero cantar, antes de hablar,(...)
Él, tan debil en otra ocasiones, si, el mismo Brug, corría de nuevo sobre aquel camino....
el camino de baldosas amarillas.
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De cómo Gurb se transfomó en Brug
Esa
Libreta negra



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