miércoles, julio 13, 2005

Shacky, de sobrenombre Carmine

Shacky era otro de los ambulantes espectros que se cruzaban por el parque donde alguna tarde se dejaban caer aquel tipo con sus libros y un pequeño acompañado de su pelota.
Shacky estaba pasando por momentos difíciles y su cerebro descansaba cuando apoyaba su culo sobre aquel banco y dejaba pasar las horas, los minutos y las tardes del sofocante verano. Para dejar de pensar o desviar su atención de los pensamientos torturadores, algunos los llaman pajas mentales, mezclaba
algo de yerba con sus habituales cigarros. Sus dedos cada vez estaban más amarillos, su cuota nicotinica estaba disparada. Había encontrado una forma de evadirse de aquel mundo que por momentos se hacía indeseable, al menos en su mente. Así que en esa misma mente se montaba otro mundo. Le ponía banda
sonora, se sentaba en aquel banco, enchufaba su discman y las notas resonaban por sus canales auditivos. Unos días eran baladas melancólicas, otras letras de pura rabia. Entre todas, los mismos sentimientos, las mismas sensaciones que le llevaban de vuelta a los mismos pensamientos, una y otra vez, "one
more time". Todo aquello le recordaba a aquel hombre desesperado, enganchado a lo único que calmaba los temblores de sus manos y hacía que pensara con claridad. Aún le quedaba mucho para parecerse a Nicolas Cage en Leaving Las Vegas. Sabría que nunca podría llegar tan lejos. Sabía de su propia autodestrucción. La destrucción viene de la mano del abandono y Carmine sabía bien lo que era el abandono. Podía estar rodeado de todos aquellos compañeros de farra y sentirse como un desecho en mitad de cualquier pocilga llena de cerdos. Era una bacteria más.
Aunque en realidad su cuerpo era el que se veía invadido por bacterias. El alcohol, la ya mencionada nicotina, el THC, TMA-2, meta-anfetamina, 2CB o MDMA, incluso en interminables noches de rodeo y comida de techo la valeriana también corría por sus venas directamente ingerida por su estomago. Estaba tocando fondo. Otra vez. Al final en plan irónico pensaba que podría montarse un minúsculo receptáculo con cuatro paredes en aquel oscuro lugar. Pero claro en los tiempos que corrían seguro que le saldría por un pico. “Cemento de Oro, vaya puta mierda!”, meditaba mientras los acordes de Reincidentes sonaban al azar en aquel disco.
Terminado aquel manjar fumable respiró profundamente. En pocos minutos la señal emitida por sus pulmones le avisarían, se encontraría pensando, sin saber porqué, en porqué pensaba en qué pensaba. No cabía duda, estaba de nuevo colocado.
Subió dos puntos el audio de su disc-man, unos cuantos abuelos andaban cerca jugando a la petanca y no le apetecía volver a oír discutir a hombres de avanzada edad sobre quién ha lanzado la bola mejor, peor, más cerca o más lejos como si se les fuese el último aliento de vida por la boca. En aquel estado no. Lo único que quería era notar como las sustancias psicotrópicas invadían su cuerpo, como notaba esa relajación muscular en sus pulmones y en sus músculos. Quería no pensar en pensar.
Y así transcurrió gran parte del fume de nuestro simpar compañero, hasta que algo le sacó de aquella nube tóxica. Imágenes y situaciones que venían del otro lado de la plaza.
No se había percatado que aquel tipo de los libros estaba de nuevo sentado en el banco habitual. Esta vez todavía no sostenía sobre sus manos ningún lomo, ni su cabeza estaba clavada en ninguna página. Esta vez estaba interactuando con un hombrecillo de no más de un metro, así era como Shacky llamaba a los más pequeños, a los niños. Shacky abrió sus ojos para cerciorarse de lo que veía. Era cierto, era verdad, no se lo podía creer, aquel que durante los últimos días no levantaba su cabeza de las páginas hablaba tranquilamente con un pequeño. Lo más extraño fue ver, a pesar de la distancia, la cara, la expresión de Brug. ¿Pero cómo? ¿Cómo sabía de repente cómo se llamaba el tío raro?
- << ¿Cómo cojones se que se llama Brug? ¿O era Gurb?, pero…… ¿Por qué cojones estoy pensando en cómo se llama este tío?. >>
La cara de Shacky en aquel momento tuvo que ser un tanto rara, uno de los abueletes que esperaba su turno de lanzamiento clavó su mirada en sus ojos. Sacky se dio cuenta y pillando rollos, como es normal en aquel estado, cambió su cara al instante por una más relajada y tranquila.
- << Y ahora éste!, ¿qué cojones mira?. Joder, tengo que decirle al PittBull que no me pase más mierda como ésta, o Sí, que coño, esto es un flipe! >>

Shacky volvió su mirada al otro lado de la plaza, hacia el niño y el hombre. Él alargaba su mano con una pelota, pero el pequeño se mantenía firme a unos cuantos pasos. Cruzando con su mirada el resto de la plaza le pareció ver a dos mujeres sentadas en otro banco. La visión no le alcanzaba para tanto, incluso le pareció que veía borroso a las dos personas del banco. Ya se sabe, siempre que tienes que mirar algo importante se nubla la visión y te lo pierdes.
La canción que sonaba paró. El silencio de guitarras cesó un instante, alcanzó a oír algún pájaro y lo que creyó que era la conversación del pequeño y el hombre, pero cómo podría?. Estaban a demasiada distancia. Era imposible, pero no tuvo mucho tiempo para poner su empeño en oír aquellas dos voces, pues comenzó una nueva canción y aquella era una de las preferidas de Shacky, hacia que sus pelos se pusieran tiesos sobre todo cuando llegaba a su momento mas espasmódico, por lo menos para el, aunque siempre le cambiara la letra. Como dijo Albert Pla una vez: “las canciones dejan de ser mías cuando el paso del tiempo las hace vuestras”:
... dejadme que os cuente mi cuento de herida y caricias,
mi historia de nadie, mi nana del hambre, todas mis mentiras,
que ésta es la pataleta que nos da mientras suspiras,
lo que queda del atraco que le dimos a la vida,
de las mantas que liamos todavía queda alguna,
esto queda de los halos que robamos a la luna,
y voy entrándole al día,
y al salir le dejo la alfombra de mierda perdía,
que no se le olvide el planeta en que vive,
y otra vez a la acera,
y así me da la mañana y la tarde y la noche entera...
... y a la mierda primavera
que no se te olvide el planta en el que vives,
y otra vez a la acera,
y así me da la mañana, la tarde y la puta noche entera…
y al final a la mierda primavera.


Para cuando la canción terminó ya no había niño, ni dos mujeres sentadas en un banco, sólo quedaba aquel tipo enfrascado de nuevo en sus libros. Se había perdido el resto de la historia mientras su cuerpo se estremecía al escuchar la canción. Meditó solo un momento sobre lo que había pasado.

- ¿Cómo se yo el nombre de estos dos?- Ahora también sabía que el pequeño era Niño Ge- ¿Cómo este tío que nunca ha dicho nada, ni una mirada, hoy de repente habla con un niño? ¿Qué era lo que salía de sus ojos mientras hablaba con Ge?.......

Y cuando se dio cuenta esta preguntándose porque se preguntaba aquello. El THC hacía de las suyas.
Dejó de pensar en aquello, volvió a sacar el tabaco y la bolsita de manjar verde y comenzó de nuevo el proceso de liar.
Así entre canciones y humo veló la tarde Shacky. Cuando ya era de noche decidió que era hora de volver al redil y zampar algo, porque el hambre apretaba y lo único que su cuerpo había tenido aquella tarde era líquido.
Se levantó y comenzó a andar.
Al cruzar el poco césped de la plaza para coger su calle se quedó quieto. En su dirección, andando hacía él venía el tipo de los libros. Cuando estaba a unos 20 pasos de él, sin motivo alguno pensó Shacky, Drug comenzó a correr, su cara reflejaba impaciencia e ilusión. Cuando estuvo a su altura y sin saber ni como ni porque, Sahcky levanto su mano, fijó su cara en él y dijo:
- “Hasta mañana Gurb.”
Gurb le devolvió el saludo al tiempo que seguía corriendo dejando ya atrás a Sacky. Él continuó andando preguntándose porqué le había saludado, ¿por qué acaso conocía a Gurb?. Tuvo la sensación en un instante de conocerlo todo sobre él, de sentirse como si estuviera dentro de él. No sabía nada y lo sabía todo, y lo que no sabía, no tardaría mucho en saberlo en los próximos días.
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De como Shacky conoce a Brug
ESA
Libreta Negra